![]() |
FOTO DONALDO ZULUAGA, Tomada de El Colombiano |
Siempre he entendido las cárceles como lugares a los que van
las personas que no han sabido comportarse en sociedad para recibir una
rehabilitación, recapacitar sobre sus actos y, Dios mediante, salir como mejores
seres humanos capaces de integrarse sin problema a la sociedad civil. Sin
embargo el panorama en Colombia es bastante diferente pues vemos que en unas
cárceles atestadas de reos, contrario a lo esperado, los delincuentes pueden
volverse incluso más delincuentes, o aquellos que entraron por delitos menores
pueden salir convertidos en criminales.
No es un secreto que el mundo está ad-portas de una crisis
alimentaria, la población mundial crece a un ritmo mucho más acelerado del que
lo hace la producción agrícola y por esto, más temprano que tarde, habrá un desabastecimiento
mundial con consecuencias que todavía no son mesurables.
En ese sentido Colombia como país tropical, y con grandes
extensiones de tierra altamente productiva, tiene una oportunidad de oro para
convertirse en un gran exportador de alimentos de alta calidad a un precio
competitivo.
Con una población carcelaria de 117.700 reclusos, cifra que
además supera en un 53,6% la capacidad actual de los penales, nuestro país
cuenta con una gran cantidad de mano de obra que se encuentra ociosa. Para mi
es detestable saber que el estado siempre ha dispuesto de más dinero para
alimentar presos que para alimentar a sus militares, ¿tiene este hecho alguna
lógica?
Las personas que han afectado con su comportamiento a la
sociedad deben trabajar para resarcirla y no al contrario. Estas personas
deberían estar trabajando para reparar los daños que han hecho, pero ocurre que
lo que tenemos es una gran cantidad de vagos hacinados en cárceles tal vez
planeando y organizando nuevos crímenes desde sus lugares de reclusión.
Pienso que con mucho menos del billón de pesos que se destinó
para nuevas cárceles durante el gobierno Uribe se podrían construir gigantescas
haciendas productivas, granjas que en primer lugar sean auto sostenibles, de
esa manera pondríamos a los presos a trabajar, antes que nada, para producir su
propio alimento con lo cual le quitaríamos una gran carga al estado por
concepto de alimentación, y con ese dinero se podría mejorar la inversión en
medicinas de las cuales carecen ahora.
Por otro lado se debería planear, investigar y encontrar
cuales son las opciones más rentables para decidir que se debe sembrar y a
dónde se va a exportar el producto con el mayor beneficio económico, este
proyecto de mano de las universidades que también ayudarían en la optimización
de los proyectos y aprovecharían el lugar para hacer investigaciones y
desarrollos. Y por último, el lucro obtenido de las ventas del producto final
se destinaría a reparar las víctimas de estos criminales y construir proyectos
sociales de gran impacto como escuelas, acueductos, centros deportivos, etc.
Así los presos no saldrían como resentidos furiosos sino como
personas con la capacidad para trabajar el campo, eso si sería una verdadera
revolución agrícola dónde incluso podríamos poner a trabajar a los miembros de
las FARC, ahora que se creen los redentores del campo.
Nota: Quiero llamar la atención sobre la gran cantidad de
militares procesados (ya está cerca de los 14.000) y sobre la velocidad a la
que viene creciendo el número de detenidos (90 por mes), tal vez el
hacinamiento de las cárceles no se deba sólo a la falta de penales sino a la
injusticia que se comete a diario con muchísimos inocentes. No quiero decir que
no haya militares que realmente sean culpables, de seguro los habrá. Pero
tampoco es lo que nos quieren hacer ver, nuestros militares son un orgullo
patrio y no una banda de delincuentes, nos están diezmando la fuerza pública
por la vía jurídica, estemos ALERTAS!
@JuMaJaRa
Hola Juan, tu artículo toca una realidad que muchos por conveniencia no quieren tocar y otros por ignorancia no quieren saber.
ResponderEliminarEs cierto que las cárceles deberían ser lugares de rehabilitación y creo no le estamos faltando el respeto a nadie, al decir que en realidad las cárceles son una de las escuelas más poderosas de delincuencia.
Lo primero que deberíamos cambiar es el nombre, por el ejemplo en la Isla de Puerto Rico al sistema prisiones se le llama Corrección.
Trabajando en una Universidad de PR. Fui testigo de la experiencia que tenían los reclusos de trabajo fuera de la prisión, se convirtieron en mano de obra útil para la sociedad. Trabajaron en carreteras, escuelas, Iglesias etc. Hablando con los reclusos me expresaban lo bien que les hacia esta experiencia en su proceso de rehabilitación para insertarse de nuevo en la sociedad. Muchos de ellos no sólo trabajaban sino que estudiaban, algunas Universidades tenían la oportunidad de ofrecer varias asignaturas, por lo tanto salían a de más con una profesión.
Ojalá que pudiéramos llevar esta experiencia a nuestras cárceles, estaríamos rehabilitando para bien de los individuos, de las familias y de la nación, apersonas que tienen derecho a cambiar.
Gracias Juan por atreverte a tocar este tema.
Un abrazo.