Dicen que recordar es vivir y,
por lo general, esta frase la utilizamos para referirnos a situaciones felices
de nuestro pasado que nos encantaría suspender en el tiempo y disfrutarlas
eternamente.
En lo personal, debo decirlo, no
me alegra estar escribiendo sobre asuntos negativos de nuestro país o de mi
ciudad en particular, preferiría poder dedicar estas líneas y este espacio, más
que a la crítica, a la construcción de sociedad y cultura desde las acciones de
cambio; sin embargo para poder hacerlo es necesario preparar el terreno, pues
si este no se encuentra en buenas condiciones todo el trabajo será en vano y
todas las ideas y propuestas caerán en saco roto y se perderán para siempre.
Es por esto que debo hacerles
recordar, con la posibilidad infeliz de vivirlo nuevamente, un amargo capítulo
de la historia colombiana. Por supuesto que me estoy refiriendo al viejo,
sonado y refrito proceso 8.000, que nos tuvo hasta la coronilla porque atestó
de noticias e información todos los medios de comunicación del país. Pero vaya
sorpresa, a pesar de ser uno de los más amargos capítulos que ha sufrido
nuestra democracia y de haberse tenido toda la evidencia posible, los
responsables nunca fueron judicializados y se pavonean hoy por la más alta
sociedad como distinguidas personas que posan de intelectuales y dan opiniones
sobre los temas del país sin siquiera sonrojarse.
Lo más grave de todo es que si no
prendemos las alarmas a tiempo este capítulo se repetirá, porque sus
principales actores, con el sigilo de un felino salvaje, se agazapan en la
maleza y están esperando el momento preciso para abalanzarse de nuevo sobre su
presa que, para el caso presente, es nada más que la democracia de nuestro
país, la más vieja de Suramérica.
El fin de semana pasado se
realizó una convención del Partido Liberal en la cual se determinó que el
“Señor” Horacio Serpa, será la cabeza de la lista al Senado de la República por
dicho movimiento. ¿Habrase visto semejante atropello a la razón y la dignidad
de un país?
En dicha convención posaron
alegres y sonrientes 3 personajes funestos para la democracia colombiana, 2 de
ellos expresidentes, y todos ligados por graves escándalos en sus hojas de
vida. Nos referimos claramente a César Gaviria, que hoy nos venimos a enterar
que tuvo en sus manos, 3 días antes de las elecciones presidenciales de 1994,
las grabaciones que confirmaban la participación directa del narcotráfico en la
campaña presidencial en la cual salió electo Ernesto Samper Pizano. El entonces
Presidente Gaviria escondió aquellas grabaciones y permitió que entrara al
Palacio de Nariño el más grande elefante que sólo las autoridades del país no
vieron.
Fuera de este acontecimiento no
hay que olvidar que fue Cesar Gaviria quien construyó La Catedral, un lugar de recreo
con ostentosos lujos para “encarcelar” al más peligroso asesino que tuvo
Colombia por esos tiempos, el narcotraficante Pablo Escobar. Ese lugar más que
una cárcel fue una mansión de recreo y una oficina para dicho narcotraficante,
que incluso contaba con una central de telecomunicaciones más avanzada que la
de los organismos de inteligencia de aquel tiempo. ¿Cómo pudo un Presidente de
la República rendirse a los pies del narcotráfico?
Apareció de nuevo Ernesto Samper,
el elefante en persona, el más vergonzoso de los presidentes que hayamos tenido
al que incluso los Estados Unidos de Norteamérica le quitó su visa por estar
directamente ligado al narcotráfico. Este sínico personaje se sostuvo con su
sonada frase “todo fue a mis espaldas” y cuesta bastante creer que entraron a
su campaña 15 Millones de Dólares, que al día de hoy continúa siendo una
cantidad absurda de dinero, pero hace 20años era todavía más, sin que él lo
percibiera. Con los sucios dineros del narcotráfico, habidos con sangre,
mutilaciones, asesinatos, secuestros y toda la porquería movida por ese maldito
negocio, Samper pudo comprar la justicia y todo lo necesario para que, hasta el
día de hoy, siga impune.
La alianza GASS, como la denominó
Andrés Pastrana (Gaviria, Samper y Serpa) se complementa con Horacio Serpa,
fiel escudero de Ernesto Samper y hoy cabeza al Senado por el Partido Liberal.
Este delincuente tiene en su prontuario el transporte de grandes sumas de
dinero, en aviones proporcionados por la misma mafia, para diferentes regiones
del país. Dinero con el cual se compraron conciencias y votos para lograr el
más amargo capítulo de la historia que culminó con la elección de Ernesto
Samper como Presidente.
Ahora estos 3 sujetos se
presentan como “La renovación y el cambio” en la política colombiana, parece
cómico pero lamentablemente es real, y al maravilloso circo se suma el
cantinflesco personaje que hoy tenemos por presidente, Juan Manuel Santos, para
complementar esta faena. Mejor dicho se alinearon las estrellas para que los colombianos
sintamos vergüenza y arrepentimiento por el “Show” que comenzó en el 94 y
quiere continuar su función.
Santos ha hecho todo lo posible
por ser el personaje más desprestigiado del país, gobierna con el Partido Liberal,
revive a los personajes del 8.000, le da vida a una guerrilla moribunda y
miente descaradamente al maquillar las cifras de los indicadores nacionales y a
todo esto le suma que va por la reelección porque está “haciendo bien su tarea”
¿Será acaso acabar con el país?
Estimados lectores, está en
nuestras manos el voto castigo, tenemos en frente la decisión que permitirá
revivir las dolorosas épocas del narcotráfico o continuar por la senda de la
seguridad democrática que, por 8 años, le dio un enorme impulso al país. Los colombianos somos de memoria corta y
selectiva, pero hay que ayudar a la gente a recordar quienes son los que ahora
comandan el Partido Liberal e impedir que cualquier voto se desvíe hacia sus
urnas.
Votemos a conciencia por quienes sean
una verdadera renovación y salvamos a Colombia de caer de nuevo en el
abismo.
@JuMaJaRa